Un día a Santi le regalaron un perro blanco muy bonito y le llamó Rex. Rex era un perro muy cariñoso, que a todo el que veía, tanto en casa como cuando Santi lo paseaba por la calle, Rex lo abrazaba con sus largas y blancas patas delanteras.
Durante un paseo, Rex se le escapó a Santi y fue por un callejón que no conocía, donde varios perros muy grandes rodeaban a una pequeña gata negra, que estaba temblando de miedo.
De repente, Rex corrió junto a ella para que los otros perros la dejasen tranquila. Rex les dijo ladrando que por qué se metían con esa gata negra, que les hiciera para que se metieran con ella y le respondieron porque era diferente a ellos, además era lo que hacían normalmente los perros con los gatos.
Rex miró de reojo a la gata y les dijo a los otros perros que nunca más harían esos a los gatos. Rex les empezó a morder los rabos y las patas y los otros perros huyeron muy doloridos y el rabo entre las patas.
La gata negra le dio las gracias a Rex y le dijo que se llamaba Luna y que era una gata callejera, que no la quería nadie por ser negra. Rex le contestó el si sería siempre su amigo y jugaría todos los días con ella.
Rex oyó la voz de Santi, que lo estaba llamando y se despidió de Luna y volvió junto a Santi y regresaron a casa.
Al día siguiente, Rex paseaba con Santi y vió a Luna paseando y se acercaron, Rex presentó a Santi y Luna le acarició con su cola una pierna a Santi, mientras Luna
ronroneaba suavemente.
Poco después fueron al muelle los tres, Rex, Luna y Santi. Mientras paseaban por ahí, Luna y Rex jugaban juntos con una pelotita que Santi les tiraba, pero de pronto una jauría de perros les rodeaba y Luna le preguntó a Rex que iban a hacer. Rex le respondió que hablar con ellos tranquilamente, que no les pasaría nada.
Rex y Luna avanzaron hasta el jefe de los perros del muelle y le intentaron explicar que los perros y gatos no tenían porque ser enemigos, pero el jefe de los perros se enfadó con ellos, y les mandó a sus perros atacarles.
Pero de pronto detrás de Rex y de Luna aparecieron más gatos y maullaron tan alto que los perros no sabían que hacer. Luna y Rex volvieron a intentar a aclarar las cosas. Luna lo hizo con los gatos y Rex con los perros.
El debate duró varis minutos, pero al final el jefe de los dos grupos lo entendieron y hicieron las paces. Los gatos mantearon a Rex y los perros mantearon a Luna.
Esa misma noche, Santi llevo a Luna a su casa para que nunca, nunca separarla de Rex.
FIN
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