jueves, 29 de mayo de 2014

A toda vela


Marina y uno de sus mejores amigos, que se llamaba Lucas, salieron a navegar una mañana de verano, no muy calurosa, en el velero de Marina, que lo bautizó con el nombre de "Sal Marina".


Marina, tenía nociones naúticas, porque en el invierno hiciera con un magnifico expediente académico y hasta tenía un diploma que le denominaba como capitán. Lucas en su cumpleaños le regalara una gorra de capitán de barcos y que Marina se la puso ese día.


Cuando subieron a bordo del Sal Marina Marina le dijo en plan de broma:

- Todos a bordo, que el Sal Marina, va a elevar anclas en breve -

A lo que Lucas respondió:


- Si, mi capitana -


El Sal Marina era un velero mediano de color blanco, con 2 mástiles de madera de roble. Cada uno de ellos los envolvian dos grandes velas de color blanco perla, que estababan replegadas aún. Marina le dijo a Lucas que soltase el cabo que ataba el velero al pibote de hierro mácizo atornillado al cemento del puerto del pueblo.


A continuación, Marina se dirigió al puente de mando y giró suavemente la llave para encender el pequeño motor del velero para facilitar la salida del barco del puerto de pequeño pueblo marinero.  


Rápidamente en el mar, apareció una burbujeante espuma blanca a causa de los giros en aumento de las hélices del motor recién encendido. Marina cogió con firmeza el timón de madera de nogal si se dirigio a mar abierto.  


Lucas le preguntó a Marina que necesitaba ayuda con algo, pero Marina le respondió que aún no, que se podía relajar un pocomo pero cuando empezara a soplar el viento tendrían que desplegar las velas. Así que, Lucas se recostó en un lateral del velero y respiró hondo lentamente y disfrutó del vaibén de las olas previamente claro esta, se puso una generosa capa de crema solar por su cara de piel tan delicada y más blanca que la nieve.


Cuando acabó de embardunarse de crema, Lucas preguntó a Marina que si quería echarse crema y ella dijo que si se la podía echar por la cara mientras que llevaba el timón. Entoncés, Lucas se incorporó y fue al lado de Marina y le echó cinco gotitas de crema solar en la cara de Marina, las gotas se las puso en frente, mejillas, barbilla y por último en la nariz que ya tenia un tono rojillo que la crema suavizó al primer contacto. A continuación, Lucas extendió las gotas por toda la cara de Marina, que estaba muy atenta al timón para no desviarse de rumbo. Cuando Lucas acabó de extenderle la crema, Marina le dió las gracias y ahora si era hora de despleglar las velas, porque ya soplaba un poco de viento.        


Lucas dejó la crema solar en su mochila y se dirigió a uno de los postes para desplegar las velas, el chico deshizo el nudo y tiró de una pólea para alzar del todo la vela al poste y repetió la acción con el resto de las velas.


Cuando acabó con la última vela, Marina le dió una señal de asprobación y de buen trabajo y volvió a su rincón. Marina apagó el motor y solo manejaba con suavidad el timón para controlar el Sal Marina, ya estaban navegando en mar abierto pero nunca perdiendo la línea costera de vista.


Unos minutos más tarde, dejó su trabajo al frente del timón y se dedicó a sacar unas fotos de la estampa marítima,con su cámara digital nueva, que la se la regalaron sus padres por su cumpleaños y que precisamente la estrenaba en aquella ocasión.


Poco a poco sin darse cuenta, las horas iban pasando y era la hora de volver al puerto, ya estaba cayendo el sol y el reflejo del sol hacia que el mar cogiese un tono rojizo y aprobechó un discuido de Marina para quitarle la cámara de sus manos e hizo una foto muy bonita de aquella maravillosa puesta de sol. Despues de un rato navegando con la ayuda de la fuerza del viento que hinchaban e desinchaban las velas atracaron habilidosa y suavemente en el pequeño y acojedor puerto de aquel pueblo marítimo llamado Cariño.

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