jueves, 26 de octubre de 2017

Que non me arranca meu !!!


Jorriña Ancha era el apodo de un chico de 15 años que tiene una moto pequeña y casi de una marca no conocida y sucia y que le fallaba muy a menudo, que se la dio su abuelo Jacinto por su reciente cumpleaños.

Un día, Jorriña Ancha estaba con su colega Pantalonciños Curtos  que era su mejor amigo desde pequeños. Estaban viendo una revista de accesorios para motos y hacían comentarios entre risas. Pantalonciños Curto se paró en una página de cascos y ropa de motero y quedó muy pensativo.

Días más tarde, en casa de Jorriña Ancha el cartero llamó al timbre y le entregó un paquete mediano y lo abrió y era un casco nuevo. Se lo puso y decidió dar un paseo y se fue a ver a una amiga que también era motera, llamada Rodiñas Rosas, que tenía una moto color rosa y morada y las ruedas verdes. Jorriña Ancha le enseñó el casco nuevo y se fue de regreso a su casa.

Por el camino de vuelta en un escaparate de una tienda, había un cartel de una carrera de principiantes de motos y él se apunto. La carrera era el 4 de Noviembre y como premio para el ganador era una moto nueva y la equipación completa de un motero. Le pidió permiso a su madre para participar en la carrera y le pidió algunos consejos a su abuelo Jacinto para el día de la carrera.
El abuelo Jacinto le dijo que no necesitaba ningún consejo para ganar porque era más importante participar que ganar, y Jorriña Ancha le respondió que de acuerdo y se durmió

Así pasaron los días hasta la carrera , Jorriña Ancha estaba nervioso en la salida, pero miró hacia las gradas y al ver a su madre y al abuelo Jacinto se tranquilizó. A continuación, él  se puso su casco nuevo y el árbitro dio el pistoletazo de salida.

Los corredores salieron muy rápidos unos detrás de todos, menos Jorriña Ancha que ni siquiera salió de la salida, porqué le falló su moto y dijo “Non me arranca, meu!!!”.

FIN.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Rex y Luna: Una amistad entre razas


Un día a Santi le regalaron un perro blanco muy bonito y le llamó Rex. Rex era un perro muy cariñoso, que a todo el que veía, tanto en casa como cuando Santi lo paseaba por la calle, Rex lo abrazaba con sus largas y blancas patas delanteras.

Durante un paseo, Rex se le escapó a Santi y fue por un callejón que no conocía, donde varios perros muy grandes rodeaban a una pequeña gata negra, que estaba temblando de miedo.

De repente, Rex corrió junto a ella para que los otros perros la dejasen tranquila. Rex les dijo ladrando que por qué se metían con esa gata negra, que les hiciera para que se metieran con ella y le respondieron porque era diferente a ellos, además era lo que hacían normalmente los perros con los gatos.

Rex miró de reojo a la gata y les dijo a los otros perros que nunca más harían esos a los gatos. Rex les empezó a morder los rabos y las patas y los otros perros huyeron muy doloridos y el rabo entre las patas.

La gata negra le dio las gracias a Rex y le dijo que se llamaba Luna y que era una gata callejera, que no la quería nadie por ser negra. Rex le contestó el si sería siempre su amigo y jugaría todos los días con ella.

Rex oyó la voz de Santi, que lo estaba llamando y se despidió de Luna y volvió junto a Santi y regresaron a casa.

Al día siguiente, Rex paseaba con Santi y vió a Luna paseando y se acercaron, Rex presentó a Santi y Luna le acarició con su cola una pierna a Santi, mientras Luna
ronroneaba suavemente.

Poco después fueron al muelle los tres, Rex, Luna y Santi. Mientras paseaban por ahí, Luna y Rex jugaban juntos con una pelotita que Santi les tiraba, pero de pronto  una jauría de perros les rodeaba y Luna le preguntó a Rex que iban a hacer. Rex le respondió que hablar con ellos tranquilamente, que no les pasaría nada.

Rex y Luna avanzaron hasta el jefe de los perros del muelle y le intentaron explicar que los perros y gatos no tenían porque ser enemigos, pero el jefe de los perros se enfadó  con ellos, y les mandó a sus perros atacarles.

Pero de pronto detrás de Rex y de Luna aparecieron más gatos y maullaron tan alto que los perros no sabían que hacer. Luna y Rex volvieron a intentar a aclarar las cosas. Luna lo hizo con los gatos y Rex con los perros.

El debate duró varis minutos, pero al final el jefe de los dos grupos lo entendieron y hicieron las paces. Los gatos mantearon a Rex y los perros mantearon a Luna.

Esa misma noche, Santi llevo a Luna a su casa para que nunca, nunca separarla de Rex.

FIN


       

jueves, 29 de mayo de 2014

A toda vela


Marina y uno de sus mejores amigos, que se llamaba Lucas, salieron a navegar una mañana de verano, no muy calurosa, en el velero de Marina, que lo bautizó con el nombre de "Sal Marina".


Marina, tenía nociones naúticas, porque en el invierno hiciera con un magnifico expediente académico y hasta tenía un diploma que le denominaba como capitán. Lucas en su cumpleaños le regalara una gorra de capitán de barcos y que Marina se la puso ese día.


Cuando subieron a bordo del Sal Marina Marina le dijo en plan de broma:

- Todos a bordo, que el Sal Marina, va a elevar anclas en breve -

A lo que Lucas respondió:


- Si, mi capitana -


El Sal Marina era un velero mediano de color blanco, con 2 mástiles de madera de roble. Cada uno de ellos los envolvian dos grandes velas de color blanco perla, que estababan replegadas aún. Marina le dijo a Lucas que soltase el cabo que ataba el velero al pibote de hierro mácizo atornillado al cemento del puerto del pueblo.


A continuación, Marina se dirigió al puente de mando y giró suavemente la llave para encender el pequeño motor del velero para facilitar la salida del barco del puerto de pequeño pueblo marinero.  


Rápidamente en el mar, apareció una burbujeante espuma blanca a causa de los giros en aumento de las hélices del motor recién encendido. Marina cogió con firmeza el timón de madera de nogal si se dirigio a mar abierto.  


Lucas le preguntó a Marina que necesitaba ayuda con algo, pero Marina le respondió que aún no, que se podía relajar un pocomo pero cuando empezara a soplar el viento tendrían que desplegar las velas. Así que, Lucas se recostó en un lateral del velero y respiró hondo lentamente y disfrutó del vaibén de las olas previamente claro esta, se puso una generosa capa de crema solar por su cara de piel tan delicada y más blanca que la nieve.


Cuando acabó de embardunarse de crema, Lucas preguntó a Marina que si quería echarse crema y ella dijo que si se la podía echar por la cara mientras que llevaba el timón. Entoncés, Lucas se incorporó y fue al lado de Marina y le echó cinco gotitas de crema solar en la cara de Marina, las gotas se las puso en frente, mejillas, barbilla y por último en la nariz que ya tenia un tono rojillo que la crema suavizó al primer contacto. A continuación, Lucas extendió las gotas por toda la cara de Marina, que estaba muy atenta al timón para no desviarse de rumbo. Cuando Lucas acabó de extenderle la crema, Marina le dió las gracias y ahora si era hora de despleglar las velas, porque ya soplaba un poco de viento.        


Lucas dejó la crema solar en su mochila y se dirigió a uno de los postes para desplegar las velas, el chico deshizo el nudo y tiró de una pólea para alzar del todo la vela al poste y repetió la acción con el resto de las velas.


Cuando acabó con la última vela, Marina le dió una señal de asprobación y de buen trabajo y volvió a su rincón. Marina apagó el motor y solo manejaba con suavidad el timón para controlar el Sal Marina, ya estaban navegando en mar abierto pero nunca perdiendo la línea costera de vista.


Unos minutos más tarde, dejó su trabajo al frente del timón y se dedicó a sacar unas fotos de la estampa marítima,con su cámara digital nueva, que la se la regalaron sus padres por su cumpleaños y que precisamente la estrenaba en aquella ocasión.


Poco a poco sin darse cuenta, las horas iban pasando y era la hora de volver al puerto, ya estaba cayendo el sol y el reflejo del sol hacia que el mar cogiese un tono rojizo y aprobechó un discuido de Marina para quitarle la cámara de sus manos e hizo una foto muy bonita de aquella maravillosa puesta de sol. Despues de un rato navegando con la ayuda de la fuerza del viento que hinchaban e desinchaban las velas atracaron habilidosa y suavemente en el pequeño y acojedor puerto de aquel pueblo marítimo llamado Cariño.

viernes, 24 de enero de 2014

El Faraón y la Aguja Mágica


Hace muchos siglos, en el Antiguo Egipto, había un faraón, que reinaba una pequeña aldea cerca de un recodo del río Nilo. El faraón se llamaba Gyao. Gyao era muy buen faraón y era muy querido por los habitantes de la aldea. Un día dando un paseo por los jardines de su palacio, uno de sus porteadores tropezó con una piedra e hizo tambalear el trono de Gyao, que lo llevaban otros tres porteadores y cayeron con el faraón Gyao.

El faraón Gyao, se golpeó su barbilla, que chocó contra una gran piedra que formaba un camino hasta las escaleras principales del palacio. El fuerte choque contra el duro suelo provocó un profundo corte que no paraba de sangrar. Había unas gotas de sangre fresca en las piedras del camino. La primera reacción del faraón Gyao fue comprobar si se le movían los dientes y como vio que no tenía nada más que unos rasguños en la nariz y el profundo corte en su barbilla, se centró en cómo estaban sus porteadores.

Unos segundos más tarde, llegó al lugar del accidente, una asistente y amiga del faraón llamada Leb, ayudó al faraón y a sus porteadores a levantarse del suelo.

Al ver la caída, Ra, el Dios del Sol, bajó del cielo para preocuparse por la herida del faraón Gyao, y le entregó en su aposento una aguja mágica que curaba todas las heridas. Pero en el palacio nadie se atrevía a coserle la barbilla al faraón Gyao.

Cerca de la aldea, vivía una hábil sastra llamada Rea, y el faraón Gyao mandó a Leb a buscarla para que le cosiera la herida. Instantes después, los otros asistentes le pusieron vendas en la cabeza para parar la hemorragia, Horas después Leb volvió de la casa de Rea con ella para coserle la herida.

-    Leb, ¿Voy a coser a una momia? – le preguntó Rea a Leb con la voz miedosa.

En ese ese instante desde la cama del faraón Gyao, se oyó un NOOOOO, en un tono terrorífico.

Las dos chicas gritaron al unísono y se acercaron poco a poco a la cama y el faraón Gyao le digo a Leb que le desvendará la cara y que le ayudará a incorporarse para que Rea le cosiera más fácilmente.

Leb y Rea desvendaron a Gyao y Rea vio la herida y la limpio con agua pare unos momentos después coger la aguja mágica de Ra y empezó a coser. Rea le iba preguntando al faraón Gyao si le dolía y el faraón le dijo que no.

La habilidad de Rae con la aguja era magnifica y tardó muy poco en terminar el pequeño zigzag y cerrar la herida de la barbilla del faraón. Cuando acabó el faraón Gyao le dio las gracias a Rae por su valentía y cuidadoso trabajo que hizo en su faraónica barbilla. Además de coserle, Rae iba al palacio tres veces al día para hacerle las curas a la herida en los días siguientes.

Después de unos días, Rae le quitó los puntos al faraón Gyao y como agradecimiento por ser tan atenta y buena con él, el faraón le invitó a vivir con él y Leb en el palacio.


FIN

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Japi, el Mago de la Felicidad


Muy cerca de aquí, existe una antigua leyenda de un mago muy especial. El mago se llamaba Japi y no era el tipico mago que tenía poderes mágicos, pero Japi tenía un don muy poco común en la gente, ese don era hacer feliz a la gente con poca cosa.


El don de Japi era observar a la gente y buscar aquello que les haciera felices. Japi siempre, siempre lo conseguía, y Japi no pedía absolutamente nada a cambio ¿Sabes cual era la autentica rescompensa para Japi? ¿No? Ver a la gente feliz.


Un día Japi estaba observando a una niña que no reía nunca, ya la llevaba días observandola y lo que Japi no soportaba era que una niña tan guapa como esa no llenará el silencio con risas y alegría. Japi pensó:

- Yo, Japi, el Mago de la Felicidad te haré reir -


Después de eso, volvió a su pequeña casita en el bosque y pasó toda la noche en su cama mágica pensando como hacer feliz a esa niña.


A la mañana siguiente Japi se levantó muy rápido para observar a la niña. Cuando llegó a la casa de la niña aún estaba saliendo el sol. Japi entró por la chiminea porque no quería que nadie lo viese busco la habitación de la niña y entonces vió una gran puerta blanca con un nombre con letras de juguete rojas. La primera letra era una gran B y después venian letras un poco más pequeñas que completaban el nombre de la niña que era "Blanca".



Japi empujó muy despacio la puerta de la habitación de Blanca y vió que aún estaba dormida en su camita y Japi sacó su varita mágica y le dió un suave toque a Blanca en la cabeza para ver sus sueños. Blanca estaba soñando con un perro muy bonito en su jardin. El perro era pequeño de color marrón con una mancha en el lomo en forma de estrella. El perro le lamía la cara de Blanca y Blanca se reía porque la lengua del perro le hacía cosquillas y en ese sueño Blanca estaba feliz y alegre.



Japi dió otro toque en la cabeza de Blanca para dejar de ver el sueño de Blanca y antes de irse a su casa al oido le susurró:

- Gracias, Blanca por ayudarme -


Ya en su casa, Japi buscó en su baúl un peluche que tenía de un perro que tenía una estrella en el lomo y dijo:


- Por fin te encontré, amiguito -


Japi sacó su varita mágica y le dió unos toques al peluche del perro y ¡¡¡ Zas !!! el peluche se movia y ladraba muy contento pero no solo labraba sino que ya no era un peluche sino era un perrito de verdad.



Japi y el perrito volvieron a la casa de Blanca y japi le dejó el perrito en la habitación de Blanca sobre su cama y Japi salió de la casa y esperó en la ventana de la habitación de Blanca observando hasta que Blanca despertará y vierá al perrito en su cama.


De repente Blanca llamó a gritos a su madre:


- ¡¡¡ Mami, Mami, ven rápido !!! -



Y su madre fue rápido abrió la puerta y le dijo:

- ¿Que pasa, Blanca?


Blanca le respondió:


- Mami, soñé con un perrito y el perrito esta aquí -


La madre de Blanca vió al perrito y al lado una nota en la que ponia lo siguiente:

"Soy un sueño feliz, un amigo"

La madre vió reir a Blanca y ser feliz con aquel sueño que se hizo real que se lo quedaron y al ver las felicidad de Blanca y su madre Japi sonrio tambien y se fué cantando a su casa del bosque.

FIN

Faith, la hada Cuenta Cuentos



Como cuenta una antigua leyenda de una época muy lejana, cuando los bebés estan casi dormidos, aparecen las hadas Cuenta Cuentos, que les cuentan cuento para que sueñen cosas bonitas y que se les dibuje una gran sonrisas en sus caras.

Unas de esas hadas cuenta cuentos era Faith, Faith era una hada con una media melena negra, sus ojos eran de un color miel intenso. Hope tenía unas alas blancas pequeñas pero resistentes para volar sin problemas en el aire. Su vestido era una hoja de un árbol mágico, que con un solo chasquidos de sus dedos cambiaba de color.

Faith, estaba encargada de una bebé muy blanquita, morena, ojos azules, llamada Hope y cada noche desde que nació, Faith le contó un cuento diferente hasta cumplir los 10 años. Al cumplir los 10 años cada hada cuenta cuentos tiene que dejar al niño a su cargo, porque a esa edad dejan de creer en los seres mágicos como los duendes, gnomos o las hadas cuentos.


Hope estaba muy triste porque era la última noche y el último cuento que le iba a contar Faith y que Faith no iba a volver nunca más. Hope escuchó muy atenta a Faith durante el cuento y al acabar Hope le dijo entre lagrimas:

- No quiero que te vayas, Faith -


- Son las normas de las hadas, Hope, no puedes hacer nada - le respondió Faith.


- Faith, ¿yo no puedo convertirme en una hada cuenta cuentos? -


- Si, Hope, pero tendrás que crecer un poco más y ser muy muy muy buena con todos - le dijo Faith.


- Vale, seré buena y creceré - le contestó Hope a Faith.


Y después, de oir esas palabras Faith, se desvaneció tras una estela de polvo de hada. Hope fue creciendo y fué muy buena con todo el mundo y especialmente con los niños, y una noche cuando pasaron muchos años apareció su amiga Faith, que ya era una hada anciana con su pelo canoso y arrugitas en la cara.

- Veo que cumpliste con tu promesa y te quiero recompensar y convertirte en una hada cuenta cuentos como yo - le comunicó a Hope


- ¿De verdad? -


- Siii - exlamó Faith con jubilo


- Biiiieeeen -


Faith voló alrrededor de Hope soltando encima de ella polvo de hada y derepente Hope encogió, y le salieron unas alitas para volar y asi se convertió Hope en una hada cuenta cuentos y les contó un montón de cuentos a bebés de todo el mundo para dibujarles una sonrisas en sus caras y ponerles muy felices como ella lo era contándolos.

Moraleja: Sin Fé no hay Esperanza.


FIN

 

El Ángel de Rosiña


Había una vez en un pequeño pueblo del norte de un gran reino, una princesa. La princesa era muy guapa y tenia una melena negra y larga como la noche y su nombre era Rosiña. La princesa Rosiña vivía en un gran, gran castillo blanco que cuando entraba por sus grandes ventanas los primeros rayos del sol lo teñia en un tono azulado muy bonito.
La princesa Rosiña, todos los días iba a un bosque cercano al castillo a contarles cuentos a los duendes y animalitos que estaban con alguna pata rota  para que estuviesen alegres y contentos y no creais, y al resto del bosque también se los contaba.

Pero un día la princesa Rosiña no fué al bosque ¿Sabeis porque? porque se había perdido en el bosque y no sabía como seguir el camino. Ese día no era un día normal era un día muy muy muy especial, había nieve en las copas de los árboles y en los tejados de las casa y la gente esta todo el día cantando y feliz ¿Sabeis que día era? ¡¡¡Era NAVIDAD!!! Los animalitos y los duendes estaban tristes porque la princesa Rosiña no llegaba para su cuento de Navidad que les dijera un día antes que les contaría ese día.

Desde el cielo un angel, llamado Santiaguiño, vio lo tristes que estaban todos en el bosque que bajó de su nube al bosque y empezo a buscar a la princesa Rosiña llamandola asi:

- Princesiña, ¿donde estas?-
- Rosiña, ¿donde estas?-

El angel anduvo varias veces el bosque buscando a la princesa Rosiña y no la encontró cerca un viejo castaño había una cueva y Santiaguiño pensó lo siguiente:

- A lo mejor, la princesa Rosiña, tuvo frio y entró en esta cueva-

Santiaguiño, entró en la cueva y la volvió a llamarla:

- Princesiña, ¿donde estas?-
- Rosiña, ¿donde estas?-

Y una voz en el fondo de la cueva le respondió:
-Aqui, aqui en el fondo de la cueva-

Santiaguiño chasqueó los dedos y de la nada apareció una vela que iluminaba la fria y oscura cueva. Tras andar un poco Santiaguiño, el angel encontró a la princesa Rosiña en el fomndo de la cueva. La llevó junto a los animalitos y los duendes para que la princesa Rosiña les contara el cuento de Navidad como les prometiera.

FIN