Hace muchos siglos, en el Antiguo
Egipto, había un faraón, que reinaba una pequeña aldea cerca de un recodo del
río Nilo. El faraón se llamaba Gyao. Gyao era muy buen faraón y era muy querido
por los habitantes de la aldea. Un día dando un paseo por los jardines de su
palacio, uno de sus porteadores tropezó con una piedra e hizo tambalear el
trono de Gyao, que lo llevaban otros tres porteadores y cayeron con el faraón
Gyao.
El faraón Gyao, se golpeó su barbilla,
que chocó contra una gran piedra que formaba un camino hasta las escaleras principales
del palacio. El fuerte choque contra el duro suelo provocó un profundo corte
que no paraba de sangrar. Había unas gotas de sangre fresca en las piedras del
camino. La primera reacción del faraón Gyao fue comprobar si se le movían los
dientes y como vio que no tenía nada más que unos rasguños en la nariz y el
profundo corte en su barbilla, se centró en cómo estaban sus porteadores.
Unos segundos más tarde, llegó al lugar
del accidente, una asistente y amiga del faraón llamada Leb, ayudó al faraón y
a sus porteadores a levantarse del suelo.
Al ver la caída, Ra, el Dios del Sol,
bajó del cielo para preocuparse por la herida del faraón Gyao, y le entregó en
su aposento una aguja mágica que curaba todas las heridas. Pero en el palacio
nadie se atrevía a coserle la barbilla al faraón Gyao.
Cerca de la aldea, vivía una hábil
sastra llamada Rea, y el faraón Gyao mandó a Leb a buscarla para que le cosiera
la herida. Instantes después, los otros asistentes le pusieron vendas en la
cabeza para parar la hemorragia, Horas después Leb volvió de la casa de Rea con
ella para coserle la herida.
-
Leb, ¿Voy a coser a una momia? – le preguntó Rea a Leb
con la voz miedosa.
En ese ese instante desde la cama del
faraón Gyao, se oyó un NOOOOO, en un tono terrorífico.
Las dos chicas gritaron al unísono y se
acercaron poco a poco a la cama y el faraón Gyao le digo a Leb que le
desvendará la cara y que le ayudará a incorporarse para que Rea le cosiera más fácilmente.
Leb y Rea desvendaron a Gyao y Rea vio
la herida y la limpio con agua pare unos momentos después coger la aguja mágica
de Ra y empezó a coser. Rea le iba preguntando al faraón Gyao si le dolía y el
faraón le dijo que no.
La habilidad de Rae con la aguja era
magnifica y tardó muy poco en terminar el pequeño zigzag y cerrar la herida de
la barbilla del faraón. Cuando acabó el faraón Gyao le dio las gracias a Rae
por su valentía y cuidadoso trabajo que hizo en su faraónica barbilla. Además
de coserle, Rae iba al palacio tres veces al día para hacerle las curas a la
herida en los días siguientes.
Después de unos días, Rae le quitó los
puntos al faraón Gyao y como agradecimiento por ser tan atenta y buena con él,
el faraón le invitó a vivir con él y Leb en el palacio.
FIN
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