sábado, 13 de septiembre de 2014

Rex y Luna: Una amistad entre razas


Un día a Santi le regalaron un perro blanco muy bonito y le llamó Rex. Rex era un perro muy cariñoso, que a todo el que veía, tanto en casa como cuando Santi lo paseaba por la calle, Rex lo abrazaba con sus largas y blancas patas delanteras.

Durante un paseo, Rex se le escapó a Santi y fue por un callejón que no conocía, donde varios perros muy grandes rodeaban a una pequeña gata negra, que estaba temblando de miedo.

De repente, Rex corrió junto a ella para que los otros perros la dejasen tranquila. Rex les dijo ladrando que por qué se metían con esa gata negra, que les hiciera para que se metieran con ella y le respondieron porque era diferente a ellos, además era lo que hacían normalmente los perros con los gatos.

Rex miró de reojo a la gata y les dijo a los otros perros que nunca más harían esos a los gatos. Rex les empezó a morder los rabos y las patas y los otros perros huyeron muy doloridos y el rabo entre las patas.

La gata negra le dio las gracias a Rex y le dijo que se llamaba Luna y que era una gata callejera, que no la quería nadie por ser negra. Rex le contestó el si sería siempre su amigo y jugaría todos los días con ella.

Rex oyó la voz de Santi, que lo estaba llamando y se despidió de Luna y volvió junto a Santi y regresaron a casa.

Al día siguiente, Rex paseaba con Santi y vió a Luna paseando y se acercaron, Rex presentó a Santi y Luna le acarició con su cola una pierna a Santi, mientras Luna
ronroneaba suavemente.

Poco después fueron al muelle los tres, Rex, Luna y Santi. Mientras paseaban por ahí, Luna y Rex jugaban juntos con una pelotita que Santi les tiraba, pero de pronto  una jauría de perros les rodeaba y Luna le preguntó a Rex que iban a hacer. Rex le respondió que hablar con ellos tranquilamente, que no les pasaría nada.

Rex y Luna avanzaron hasta el jefe de los perros del muelle y le intentaron explicar que los perros y gatos no tenían porque ser enemigos, pero el jefe de los perros se enfadó  con ellos, y les mandó a sus perros atacarles.

Pero de pronto detrás de Rex y de Luna aparecieron más gatos y maullaron tan alto que los perros no sabían que hacer. Luna y Rex volvieron a intentar a aclarar las cosas. Luna lo hizo con los gatos y Rex con los perros.

El debate duró varis minutos, pero al final el jefe de los dos grupos lo entendieron y hicieron las paces. Los gatos mantearon a Rex y los perros mantearon a Luna.

Esa misma noche, Santi llevo a Luna a su casa para que nunca, nunca separarla de Rex.

FIN


       

jueves, 29 de mayo de 2014

A toda vela


Marina y uno de sus mejores amigos, que se llamaba Lucas, salieron a navegar una mañana de verano, no muy calurosa, en el velero de Marina, que lo bautizó con el nombre de "Sal Marina".


Marina, tenía nociones naúticas, porque en el invierno hiciera con un magnifico expediente académico y hasta tenía un diploma que le denominaba como capitán. Lucas en su cumpleaños le regalara una gorra de capitán de barcos y que Marina se la puso ese día.


Cuando subieron a bordo del Sal Marina Marina le dijo en plan de broma:

- Todos a bordo, que el Sal Marina, va a elevar anclas en breve -

A lo que Lucas respondió:


- Si, mi capitana -


El Sal Marina era un velero mediano de color blanco, con 2 mástiles de madera de roble. Cada uno de ellos los envolvian dos grandes velas de color blanco perla, que estababan replegadas aún. Marina le dijo a Lucas que soltase el cabo que ataba el velero al pibote de hierro mácizo atornillado al cemento del puerto del pueblo.


A continuación, Marina se dirigió al puente de mando y giró suavemente la llave para encender el pequeño motor del velero para facilitar la salida del barco del puerto de pequeño pueblo marinero.  


Rápidamente en el mar, apareció una burbujeante espuma blanca a causa de los giros en aumento de las hélices del motor recién encendido. Marina cogió con firmeza el timón de madera de nogal si se dirigio a mar abierto.  


Lucas le preguntó a Marina que necesitaba ayuda con algo, pero Marina le respondió que aún no, que se podía relajar un pocomo pero cuando empezara a soplar el viento tendrían que desplegar las velas. Así que, Lucas se recostó en un lateral del velero y respiró hondo lentamente y disfrutó del vaibén de las olas previamente claro esta, se puso una generosa capa de crema solar por su cara de piel tan delicada y más blanca que la nieve.


Cuando acabó de embardunarse de crema, Lucas preguntó a Marina que si quería echarse crema y ella dijo que si se la podía echar por la cara mientras que llevaba el timón. Entoncés, Lucas se incorporó y fue al lado de Marina y le echó cinco gotitas de crema solar en la cara de Marina, las gotas se las puso en frente, mejillas, barbilla y por último en la nariz que ya tenia un tono rojillo que la crema suavizó al primer contacto. A continuación, Lucas extendió las gotas por toda la cara de Marina, que estaba muy atenta al timón para no desviarse de rumbo. Cuando Lucas acabó de extenderle la crema, Marina le dió las gracias y ahora si era hora de despleglar las velas, porque ya soplaba un poco de viento.        


Lucas dejó la crema solar en su mochila y se dirigió a uno de los postes para desplegar las velas, el chico deshizo el nudo y tiró de una pólea para alzar del todo la vela al poste y repetió la acción con el resto de las velas.


Cuando acabó con la última vela, Marina le dió una señal de asprobación y de buen trabajo y volvió a su rincón. Marina apagó el motor y solo manejaba con suavidad el timón para controlar el Sal Marina, ya estaban navegando en mar abierto pero nunca perdiendo la línea costera de vista.


Unos minutos más tarde, dejó su trabajo al frente del timón y se dedicó a sacar unas fotos de la estampa marítima,con su cámara digital nueva, que la se la regalaron sus padres por su cumpleaños y que precisamente la estrenaba en aquella ocasión.


Poco a poco sin darse cuenta, las horas iban pasando y era la hora de volver al puerto, ya estaba cayendo el sol y el reflejo del sol hacia que el mar cogiese un tono rojizo y aprobechó un discuido de Marina para quitarle la cámara de sus manos e hizo una foto muy bonita de aquella maravillosa puesta de sol. Despues de un rato navegando con la ayuda de la fuerza del viento que hinchaban e desinchaban las velas atracaron habilidosa y suavemente en el pequeño y acojedor puerto de aquel pueblo marítimo llamado Cariño.

viernes, 24 de enero de 2014

El Faraón y la Aguja Mágica


Hace muchos siglos, en el Antiguo Egipto, había un faraón, que reinaba una pequeña aldea cerca de un recodo del río Nilo. El faraón se llamaba Gyao. Gyao era muy buen faraón y era muy querido por los habitantes de la aldea. Un día dando un paseo por los jardines de su palacio, uno de sus porteadores tropezó con una piedra e hizo tambalear el trono de Gyao, que lo llevaban otros tres porteadores y cayeron con el faraón Gyao.

El faraón Gyao, se golpeó su barbilla, que chocó contra una gran piedra que formaba un camino hasta las escaleras principales del palacio. El fuerte choque contra el duro suelo provocó un profundo corte que no paraba de sangrar. Había unas gotas de sangre fresca en las piedras del camino. La primera reacción del faraón Gyao fue comprobar si se le movían los dientes y como vio que no tenía nada más que unos rasguños en la nariz y el profundo corte en su barbilla, se centró en cómo estaban sus porteadores.

Unos segundos más tarde, llegó al lugar del accidente, una asistente y amiga del faraón llamada Leb, ayudó al faraón y a sus porteadores a levantarse del suelo.

Al ver la caída, Ra, el Dios del Sol, bajó del cielo para preocuparse por la herida del faraón Gyao, y le entregó en su aposento una aguja mágica que curaba todas las heridas. Pero en el palacio nadie se atrevía a coserle la barbilla al faraón Gyao.

Cerca de la aldea, vivía una hábil sastra llamada Rea, y el faraón Gyao mandó a Leb a buscarla para que le cosiera la herida. Instantes después, los otros asistentes le pusieron vendas en la cabeza para parar la hemorragia, Horas después Leb volvió de la casa de Rea con ella para coserle la herida.

-    Leb, ¿Voy a coser a una momia? – le preguntó Rea a Leb con la voz miedosa.

En ese ese instante desde la cama del faraón Gyao, se oyó un NOOOOO, en un tono terrorífico.

Las dos chicas gritaron al unísono y se acercaron poco a poco a la cama y el faraón Gyao le digo a Leb que le desvendará la cara y que le ayudará a incorporarse para que Rea le cosiera más fácilmente.

Leb y Rea desvendaron a Gyao y Rea vio la herida y la limpio con agua pare unos momentos después coger la aguja mágica de Ra y empezó a coser. Rea le iba preguntando al faraón Gyao si le dolía y el faraón le dijo que no.

La habilidad de Rae con la aguja era magnifica y tardó muy poco en terminar el pequeño zigzag y cerrar la herida de la barbilla del faraón. Cuando acabó el faraón Gyao le dio las gracias a Rae por su valentía y cuidadoso trabajo que hizo en su faraónica barbilla. Además de coserle, Rae iba al palacio tres veces al día para hacerle las curas a la herida en los días siguientes.

Después de unos días, Rae le quitó los puntos al faraón Gyao y como agradecimiento por ser tan atenta y buena con él, el faraón le invitó a vivir con él y Leb en el palacio.


FIN